Pero su dueño nunca volvió, falleció dos días después a causa de su enfermedad y Canelo permaneció allí esperando fielmente a las puertas del hospital durante más de una década; por el día daba una vuelta por los alrededores con su paso lento y su mirada melancólica y por la nohe regresaba a las puertas del hospital.
Había gente que le daba de comer, incluso hubo quien le quiso adoptar, pero Canelo siempre volvía al lugar a esperar a su amo, hasta que un día fue denunciado por un hombre que dijo que había mordido a su perro y fue trasladado a la perrera municipal.
Los habitantes protestaron en contra y fue indultado por aclamación popular, un hecho inusual. Según cuentan a la llegada al Puente Carranza, a la entrada a Cádiz, la mirada siempre triste de Canelo cambió, albergaba la esperanza de volver a ver a su dueño.

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